Me quejo del dolor de las heridas, pero parece que soy yo quien se empeña en abrirlas de nuevo una y otra vez. Y no es que quiera hacerme daño, sino, que mi corazón se olvida de que los recuerdos me matan.
Me he atrevido a leer textos tuyos, textos sobre mí, sobre lo que sentías, sobre lo que creaba en ti, y me duele, me duele ver con todo son palabras de ayer que hoy ya han perdido su importancia.
Nunca quise acabar con esto que nos unía, pero no pude hacer gran cosa para cambiar las decisiones.
Es cierto que ya no dueles como antes, pero aún picas, y a veces más de la cuenta.
Debería olvidarte, dejarte marchar, llevar mi camino y tú el tuyo, pero se me hace tan difícil desprenderme de algo que me hizo realmente feliz.
Se cambiaron los esquemas, se cambió la historia y ahora los recuerdos se queman. No quiero pensar en el día en el que seamos dos extraños caminando por la calle con la vista al frente sin cruzar ni una mirada.
Quisimos ser todo, tenernos al lado, presentes, pero todo se ha quedado anclado en un pasado que duele recordar.
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