No creo en finales felices, pues dudo que todo aquel aferrado a una historia salga bien parado.
Hay miles de sonrisas, de lagrimas que son sonrisas, sonrisas finales que comienzan principios y nosotros ni siquiera lo sabemos. Cerramos una historia y comenzamos un cuento, un corto u otra breve historia de lo que hemos sido, somos o podemos llegar a ser.
No busco un final feliz, pues la felicidad como tal, va guardada en frascos pequeños y no en finales duraderos.
Si i final pudiera escoger, lo escogería único; todos los finales deben ser únicos, puesto que Yano se van a repetir. Si mi final cierra tu historia, comienza una nueva novela, si mi final jode la historia, dale la vuelta al argumento. Los finales no joden, sino, marcan y crean nuevos principios.
Quizá este sea el final de un nuevo principio, o el final de los finales convertido en historia.
Este blog, me sirve para intentar plasmar las cosas que rondan por mi cabeza, para intentar explicar todo aquello que he sido y que soy, quiero poder descifrar todos esos enigmas que me rondan.
Quiero sentir esa libertad que un día me diste.
miércoles, 11 de noviembre de 2015
Milésimas de segundo
Nada te diré porque tengo tanto, tanto que me agobia y ahoga, tanto, que no me deja decir nada.
Suspiremos y observemos ese segundo, ese que se parte en milésimas, milésimas que me atrapan y me atan a tu espalda; mirar quiero tu cara, mirar te miraba hasta el alma, que si a tu espalda me hallo, a ti me aferro para no ser olvido.
Olvido corre tras nosotros, quiere quemar nuestro libro de largas letras y extensas hojas, yo no corro, no, ante ella me quedo y lucho para que muera y en mi olvido quedé que un día hubo olvido.
Ahora te tengo postrada a mi vera, y y no sé si es invierno o primavera, pero la vida se me altera cuando te veo respirar; no sé si es amor o engaño, no sé si será duradero o perecedero, pero pido por favor, que este segundo compuesto de milésimas me recuerde que vivo cuando ella es mi segundo.
Suspiremos y observemos ese segundo, ese que se parte en milésimas, milésimas que me atrapan y me atan a tu espalda; mirar quiero tu cara, mirar te miraba hasta el alma, que si a tu espalda me hallo, a ti me aferro para no ser olvido.
Olvido corre tras nosotros, quiere quemar nuestro libro de largas letras y extensas hojas, yo no corro, no, ante ella me quedo y lucho para que muera y en mi olvido quedé que un día hubo olvido.
Ahora te tengo postrada a mi vera, y y no sé si es invierno o primavera, pero la vida se me altera cuando te veo respirar; no sé si es amor o engaño, no sé si será duradero o perecedero, pero pido por favor, que este segundo compuesto de milésimas me recuerde que vivo cuando ella es mi segundo.
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