Quiero sentir esa libertad que un día me diste.

Quiero sentir esa libertad que un día me diste.

martes, 17 de julio de 2012

Pasaron las horas muertas, el tic-tac del reloj me recordaba cada segundo de su ida, tirada en la cama pude ver cada detalle de estos días juntas. Aún recuerdo tu cuerpo postrado junto al mío mientras nos quedábamos mirándonos como tontas. Recuerdo esa risa que te salía con cada una de mis incoherencias, esa sonrisa no se olvida fácilmente. Como tus labios pronunciaban un "Tonta" hacia mi persona, pero rectificabas con un "Mi tonta".  Cada momento de felicidad a tu lado. Dame la mano te decía, y tú me la dabas fuertemente para nunca soltarla. Corre, te decía una y otra vez, hoy nos vamos lejos princesa.
Esas noches contando las estrellas, esas mismas en las que te posabas en mis brazos y decías que ahí te sentías segura.
Ay princesa, cuantos besos me quedan aún por darte, cuantas caricias que aún no te di, cuantos momentos a tu lado quedan por pasar.
Hoy, el día de tu ida, mis manos quedaron temblorosas y mis ojos húmedos, ese autobús con un rumbo lejos de mis brazos. Camino de temores el que ahora me espera, si lejos de ti no soy persona.



Princesa.

lunes, 16 de julio de 2012

Las cortinas quedaron abiertas, pude ver como entraba el amanecer a despertarme, pero esta vez yo me adelanté. Con su leve luz, pude contemplar que tú estabas a mi lado, vi que esta vez no era un sueño. Esa noche sobraron almohadas, la tenía a ella en mis brazos, esa noche las estrellas brillaron más que nunca, la luna posada en mi ventana quedó.
Con una tímida sonrisa me dispuse a realizarle una leve caricia, pude ver como una pequeña sonrisa salia de su cara, en ese momento me dispuse a besarle suavemente en la mejilla derecha. Ella abrió los ojos al mismo tiempo que realizaba una bella sonrisa, había despertado, la mujer más bella salía en el amanecer. Con un leve susurro me dijo que me acercara a ella, yo sin pensarlo dos veces, me acerqué a ella con una de mis mejores sonrisas, me dio uno de sus dulces besos y me dijo que me adoraba. No pude evitar poner una de mis sonrisillas tontas, las cuales le encantan según me dice.
La mañana empezaba bien, ella a mi lado.

-¿Vistes como cayó la luna?. Me preguntó mientras sus ojos se humedecían sin saber porqué.
-Sí, pude verla en tus ojos. Dime, ¿Por qué tus ojos están húmedos?
-Por la luna. Está herida, las estrellas ya no la miran como antes.
-¿Tus ojos la miran como antes?
-Sí, ¿por qué?
-Porque para mí tus ojos son las estrellas.
Me siento herida, muerta, sin vida, no hace ni un día que no hablo con ella, pero mi alma ya no tiene vida, la busco a cada instante, necesito hablar con ella, quiero verla, pero la tengo lejos. Solo llorar quiero, ella no está para secarme las lagrimas. Muero en cada rincón de mi habitación.

Mi amiga, la luna.

Con un café bien cargado y cigarro en mano, me encontraron hablando con la luna. Ella y yo somos buenos amigos, pasamos noches enteras contando nuestras penas.
Ella se queja de que el sol no la mira, de que huye. Quiere conocer al sol, no entiende porqué tanta gente sale con él, y con ella..muchos borrachos y algún que otro loco. Yo le digo que no se pierde nada, que el sol solo ciega, en cambio, en cambio la noche es bella y tranquila, que con su luz, yo me siento tranquilo.
Yo, yo me quejo de todo y de nada, yo me siento inútil le cuento, ella atenta a mi, me escucha como si no hubiera mañana, pero luego, luego desaparece con la mañana, y ahí es cuando mi charla acaba.
Yo le hablo de amores, de esos de mil sabores, de los que sueñas despierto, de esos por los que no duermes. Ella me dijo que el amor es bonito, que ha visto a cientos de enamorados pasear bajo su luz. Yo le digo que es cierto, que no se equivoca, pero que mi amada se encuentra lejos, que no la puedo tener en mis brazos. Ella me dice que está bien, que todas las noches la vigila por mi, que la arropa con su manto de estrellas, que le canta con su noche. Yo quedo callado por un momento. Le doy las gracias a la luna, por cuidarme a mi amada tantas noches, por hablarme de ella y de sus oscuros ojos.

Comprendes cómo me siento?

Mi alma grita de dolor, mi corazón de sentir quiere dejar, arrancármelo de cuajo. Hoy me siento herida, hoy no quiero ver la luz del sol por la ventana asomar, las lagrimas nublan mis ojos, ahoga mi almohada.
Dormí bañada entre dolor, ira y sufrimiento, amanecí sin esperanza alguna, el sol la tiene, y yo la encuentro lejos.
Destrozado el corazón no encuentra felicidad alguna, solo, se siente solo, perdido, la necesita a ella.
Tirada en el suelo con dos almohadas, una simulando a su amada, la cual no soltaba, y la otra, la otra sujetaba su cabeza y recogía sus lagrimas. Se pasó la noche llorando hasta que su ojos se cerraron. Ella estaba herida, la rabia y el dolor se le acumulaban, no le dejaron hablar con ella. 
Las lagrimas no cesaban, no tenía fuerzas para levantarse del suelo, no quería la vida, una noche sin poder verla, una noche sin sus palabras, no, era demasiado para ella, para su corazón.
Sintió que le quitaban la vida cuando vio que le quitaban la única forma que tenía para hablar con ella, el ordenador, sí, un simple ordenador, el mismo que hizo que no pudiera vivir sin esa chica, a la cuál tenia a kilómetros.
Ella necesitaba ser consolada, sus lagrimas empapaban su almohada y nadie estaba para secarlas.
Siento que mi alma se derrumba cuando ella no sonríe, que mis palabras fueron en vano, y mis intentos de hacerla feliz, solo eso, intentos.
Quizás yo no tenga la culpa de que ella esté así, pero me siento el mayor culpable, ella no sonríe y yo estoy lejos.
Que no me ponga así dice, pero me es inevitable, yo la quiero, la siento tan dentro de mi que mi corazón se hace pedazos cuando su sonrisa se borra de su cara.
Por qué no consigo hacerla sentir bien? No soy capaz de animar a la persona más importante de mi vida.