Quiero sentir esa libertad que un día me diste.

Quiero sentir esa libertad que un día me diste.

lunes, 16 de julio de 2012

Tirada en el suelo con dos almohadas, una simulando a su amada, la cual no soltaba, y la otra, la otra sujetaba su cabeza y recogía sus lagrimas. Se pasó la noche llorando hasta que su ojos se cerraron. Ella estaba herida, la rabia y el dolor se le acumulaban, no le dejaron hablar con ella. 
Las lagrimas no cesaban, no tenía fuerzas para levantarse del suelo, no quería la vida, una noche sin poder verla, una noche sin sus palabras, no, era demasiado para ella, para su corazón.
Sintió que le quitaban la vida cuando vio que le quitaban la única forma que tenía para hablar con ella, el ordenador, sí, un simple ordenador, el mismo que hizo que no pudiera vivir sin esa chica, a la cuál tenia a kilómetros.
Ella necesitaba ser consolada, sus lagrimas empapaban su almohada y nadie estaba para secarlas.

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