Con un café bien cargado y cigarro en mano, me encontraron hablando con la luna. Ella y yo somos buenos amigos, pasamos noches enteras contando nuestras penas.
Ella se queja de que el sol no la mira, de que huye. Quiere conocer al sol, no entiende porqué tanta gente sale con él, y con ella..muchos borrachos y algún que otro loco. Yo le digo que no se pierde nada, que el sol solo ciega, en cambio, en cambio la noche es bella y tranquila, que con su luz, yo me siento tranquilo.
Yo, yo me quejo de todo y de nada, yo me siento inútil le cuento, ella atenta a mi, me escucha como si no hubiera mañana, pero luego, luego desaparece con la mañana, y ahí es cuando mi charla acaba.
Yo le hablo de amores, de esos de mil sabores, de los que sueñas despierto, de esos por los que no duermes. Ella me dijo que el amor es bonito, que ha visto a cientos de enamorados pasear bajo su luz. Yo le digo que es cierto, que no se equivoca, pero que mi amada se encuentra lejos, que no la puedo tener en mis brazos. Ella me dice que está bien, que todas las noches la vigila por mi, que la arropa con su manto de estrellas, que le canta con su noche. Yo quedo callado por un momento. Le doy las gracias a la luna, por cuidarme a mi amada tantas noches, por hablarme de ella y de sus oscuros ojos.
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